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    6/30/2006

    tormenta

    Todavía no llueve. No aún. Los relámpagos resuenan de esta parte del valle. Las pantallas de ordenador oscilan con la luz unos instantes. Después, poco a poco, un ruido húmedo, fino y constante se cuela por detrás de las campanas de "Disarm" mientras la temperatura baja rápidamente.
     
    Aunque parce que hubiera aviones heridos detrás de las nubes, el resultado en agua resulta de momento un poco decepcionante. El repiqueteo de las gotas contra el suelo no opaca el zumbido sordo del ruidoso ventilador de la CPU. El alfeizar de la ventana tiene ese olor a laboratorio de física del colegio con la nariz pegada al cristal de otra lluvia.

    El refuerzo sin embargo no tarda en llegar. Los charcos se llenan sonoramente y la canción cambia a otra todavía más triste. En media hora las carreteras estarán bloqueadas y será imposible huir a ninguna parte. Los escarabajos embestirán las pequeñas lagunas con incomprensible vehemencia y ansia por escapar de una tormenta a otra.

    Me pregunto si esta será una de esas tardes en las que se caerán los cables de la luz y me quedaré de brazos cruzados sin hacer nada cuando llegue a casa.
    6/29/2006

    el futuro

    El futuro es una malla urgente y tumultuosa. Siempre negra, acuciante y vacía. El futuro es un nudo corredizo que igual te atrapa un pie que los hígados pero siempre termina en la misma cosa. Como una ciénaga absurda que piso a ratos con el pie incierto y el recuerdo del caballo de Atreyu hundiéndose lentamente.
     
    A veces flotante, otras rígido y blando como un gigantesco bloque de gomaespuma que te rebota constantemente afuera. Como una de aquellas pruebas de "humor amarillo" en las que resbalas, te golpeas y caes sin llegar a cruzar nunca el asqueroso charco.

    El futuro muerde, salpica, y últimamente me produce urticaria. Es como un ente incómodo que convive conmigo parásitamente y me saca corriendo de la pecera a las fuertes corrientes del océano (yo, pez de ciudad). Y me deja así, perpleja, desconcertada, confusa. En medio de ninguna parte. Zarandeada y descompuesta.
     
    Y entonces estoy en el fango. Con los ojos perdidos y el estómago lleno de alambres que dan frío. Y vomitaría, pero sé que lo único que guardo es nada. Y sé que tengo que seguir avanzando a oscuras hasta algún lugar firme con la única brújula que me quede despierta en el cerebro.
     
    Hoy, qué grande es el mundo.
    6/27/2006

    extraño cosquilleo

    Hoy siento un extraño cosquilleo en el estómago que nada tiene que ver con el azul deslumbrante del cielo (extraño también en esta ciudad de metales que echan humo). Pudiera ser, quién sabe, que me encuentre optimista.

    Hace rato que no sucede que me encuentre optimista, sobre todo cuando sé que sólo en mi pecera están bien las cosas (glup glup glup), y que lo demás es como una cucaracha que tiene los días contados: Negra, asquerosa y con esperanza de vida proporcional al asco que me dé oirla crujir contra la suela de mi zapato.

    No es que vaya a crujir todo lo que está afuera de mi pecera, eso "es claro", como diría algún matemático un poco psicópata que me daba clase hace 10 años (aunque quién sabe si él habría crujido todo). Creo que me contentaré en mirar desde el cristal, pensando que soy afortunada de saber que los de siempre pueden saltar adentro y así mirar todos juntos con los ojos bien abiertos qué pasa con este Mork-cucaracha que acecha del otro lado.
    ¨
    Mi futuro es incierto, pero quizás, no sea tan terrible.
    6/23/2006

    pez

    A veces me siento un pez en la pecera, que observa a través del vidrio la imagen distorsionada de lo que pasa afuera, mientras su nariz choca y se enfría junto a la pared de la pecera. Sí, en mi mente los peces como yo tienen nariz, y en mi mente nuestra nariz de pez puede enfriarse.
     
    Lo que veo afuera quizás no es lo que pasa. Quizás mis puntos de vista no son más que objetos empequeñecidos como puntas de iceberg o viceversa. Encima o debajo de la superficie. Pero hoy no se trata de eso, sino más bien del choque con la pared de vidrio de la pecera.

    Toda mi vida pienso que soy un observador incapaz de formar parte de la imagen más allá de sus ojos. A veces, veo las cosas que me pasan como si fuese otra persona. No sé a qué viene ese despegarme de mi cuerpo, pero de pronto me veo pensando en mí como una pieza de ajedrez que se mueve con las circunstancias. Vamos, que de pez he pasado a medusa y no me he dado ni cuenta.

    Lo peor es que uno se siente bien haciendo eso. De pronto todo se ve más lejano y menos importante. Lo catastrófico es cuando no se puede evitar y ves el mundo que desfila ante tus ojos y no participas, y entonces te preguntas cómo has sabido crear esa clase de aislamiento en una pecera, e intentas salir de ella con el único resultado de una nariz fría y dolorida.
    6/21/2006

    solsticio de verano

    Ha llegado con las manos frías. Con un nudo en la garganta. Sin hogueras, ni lugares cercanos de la infancia. Hoy es otro día cualquiera que se escapa. Atrás quedan los tiempos de mirar la luna. Las brujas escriben y no llevan escoba.

    Y en lugar de un crepúsculo memorable, la noche más corta del año sólo traerá los mismos programas de la tele. Y en lugar de caminar en medio de la gente, agacharé la cabeza, los pasos y el pensamiento hacia las grietas del asfalto llenas por la lluvia.

    Feliz solsticio.
    6/20/2006

    espera a contrarreloj

    De nuevo en pausa. En pausa mientras el tiempo corre cada vez más rápido. Como si fuese una línea paralela que no puedes atrapar nunca y que vuela, y vuela demasiado deprisa.

    Todo gira, menos uno mismo. Y la sensación de mareo sólo es comparable a la angustia de todo lo incompleto, lo pendiente. De pronto, somos nosotros los que pendemos y lo incompleto una cama de púas debajo del precipicio. Si no tienes fuerza suficiente, la cosa nunca terminará bien. Si no puedes lanzarte hacia adelante y girar con el planeta, el mareo será aceleradamente constante.

    En ocasiones me gustaría ser un remolino de agua, que se va por el sumidero con un suave gorgeo. Desaparecer por alguna tubería cuando alguien quite el tapón de la bañera. Descongelar, de nuevo esta pausa.
    6/16/2006

    mañana

    Mañana es un lugar frecuente de gran incertidumbre. Sabes que llega, pero no sabes dónde puede encontrarse. Es como intentar caer sobre el filo de una navaja sin cortarte. Siempre hay un trozo que se te desprede, aunque no tan limpiamente en realidad. Es lo malo y farragoso que nadie te cuenta. No puedes desprenderte de un trozo de tí como quien parte una zanahoria con un cuchillo. Quedas como ese fantasma casi decapitado de Harry Potter.

    Las venas de pronto crecen como ramas y salen de tus muñecas y quedan en otra parte. Al irte, intentas cortar esas ramas pero son raíces, y duelen y sangran y murmuran. Los borbotones de tu mente que no puedes apartar del pensamiento, se rebelan con una única y monótona pregunta. ¿Debo estar aquí?

    Y entonces todo se vuelve confuso y cruzas todos los días océanos con la mente. Y poco a poco te disocias sin comprender qué parte de tí quieres de vuelta y dónde. Y existes en distintos lugares sin llegar a vivir en ninguno de ellos, y lo único que sabes es que quieres conseguir terminar el día, sin sentirte demasiado culpable y fuera de sitio.
    6/12/2006

    lunes de carrera

    lunes de carrera, contrarreloj y dudas.
    la vida me acelera en sentido contrario. No puedo parar.

    6/8/2006

    permiso para aterrizar

      
    Dame permiso para aterrizar
    si me canso de vivir en las alturas
    dame ternura, dame velocidad
    que me he quedado a oscuras.
    (Quique Gonzalez)

    Irte es importante. Volver, fundamental.

    Pido permiso para aterrizar. Para volver y quedarme, para borrar momentos y velocidad, para escapar a oscuras. Pido permiso para aterrizar. Para saber que hay cosas como antes, que no se han perdido tiempo atrás, mientras me he quedado en otra parte.
    Cierro los ojos y veo el mar. Y veo la vida fluir constante. Y me quedo en un estado de necesidad, sin saber qué pierdo en cada instante.
    Volver es llegar con las maletas llenas, y sacar las dudas y contrastes. Saber volver cuesta si sabes llegar, y piensas que vas a quedarte.
    Vivo en un avión contínuo de encierros, de lazos que se rompen y gente que no vuelve. Se me hace difícil al constatar que no encajo a la vuelta en el Madrid de siempre. 
     

    la cámara y yo

    Que alguien me explique cómo se puede trabajar con una cámara en el cogote, un micrófono en el codo y una panda de inútiles dando vueltas a teorías vagamente plausibles.
    No tengo complejo de rock-star. No me gustan las luces brillantes, la gente toda pompa y palabrería.
    Si el códice no es maya, no es maya. No hay que inventarle más historia.
    6/1/2006

    huir

    Necesito salir de esta ciudad, que te engulle y aisla vorazmente hasta que te hace desaparecer dentro de tí mismo. Poco a poco algunas cosas cambian: Empiezas a detestar cómo te mira la gente. Y entonces empiezas a desconfiar de los ladrillos igual que desconfías de los extraños, y bajas la vista para no ver las caras. Todo empieza por no hablar como en tu tierra y termina en que pierdes verbos y expresiones. Las camisetas estrechas de tirantes resultan potencialmente peligrosas, la rodilla es una altura vertiginosa para una falda. Y de pronto te das cuenta de que vives en una cárcel, que respiras hostilidad y que salir afuera te produce enfado, que quedarte adentro, frustración, y sólo queda una alternativa: Huir a otra parte.